Cuidados de la Picea pungens o abeto azul

Cuidados de la Picea pungens o abeto azul

Es una de las coníferas más hermosas que existen. La Picea pungens o abeto azul es uno de los árboles preferidos para los amantes del jardín pero, también, una de las elecciones más habituales cuando nos planteamos cómo elegir árbol de Navidad. Enamorarse de él es perfectamente lógico. No solo es majestuoso por su porte piramidal. Además es sumamente bello, gracias a sus singulares hojas de color azul plateado. Un tono que resalta sobre su corteza, de un tono gris púrpura.

Como sucede con la Picea glauca, el abeto azul tiene un valor ornamental único. Por eso, es habitual encontrarlo en parques y jardines siempre de manera aislada. La razón es sencilla: a pesar de ser de crecimiento lento puede llegar a alcanzar unas dimensiones de más de 30 metros de altura y hasta de seis en la base. Una razón de peso para buscarle una buena ubicación en la que su crecimiento no pueda verse entorpecido por las plantas de exterior de alrededor.

Por su belleza y singularidad, veamos a fondo cómo cultivar la Picea pungens. Un abeto sumamente resistente que, con los cuidados adecuados, puede acompañarnos durante muchos años.

CLAVES DEL CULTIVO DE LA PICEA PUNGENS

Empecemos conociendo la procedencia del abeto azul para comprender, en gran medida, esa increíble capacidad de supervivencia que tiene ante temperaturas extremas. La Picea pungens es originaria de las montañas rocosas de Estados Unidos: una zona en la que los inviernos son rigurosos, con descensos importantes del termómetro. Gracias a esta procedencia, el abeto azul soporta hasta 20 grados por debajo de cero. Un tema, el del frío, del que no solo no tendremos que preocuparnos sino que, además, puede beneficiar a nuestro árbol: gracias a los grados de menos, sus tonalidades se vuelven más intensas.

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Sin embargo y por este mismo detalle, hay que considerar que el exceso de calor no le sienta excesivamente bien. Algo que debemos considerar si queremos plantarlo en exterior, y vivimos en un clima cálido.

Además de esto, veamos cuáles son los cuidados que necesita el abeto azul para prosperar y crecer lento pero seguro.

1. El suelo, un detalle fundamental para su buena salud

La versatilidad de la Picea pungens hace que pueda sobrevivir en suelos pobres. Has leído bien: sobrevivir. Y es que para que nuestro abeto azul crezca y prospere necesita un suelo fértil, fresco y rico en materia orgánica.

Y no solo eso: para velar por su bienestar, es fundamental crearle un buen drenaje. A pesar de su rusticidad, la Picea pungens no tolera de ninguna manera el exceso de agua en sus raíces. De estar sometidas a ella, se pudrirán arruinando nuestro árbol.

2. La ubicación adecuada, algo imprescindible para cultivar el abeto azul

Ya sabemos que no tiene problema con el frío, pero no sucede lo mismo con el calor. Aunque puede resistir hasta los 30 grados, estas temperaturas no le benefician en absoluto. Por ello lo ideal es plantarlo en una ubicación de sombra si vivimos en un clima caliente y de semisombra si es templado. En climas fríos, puede estar a pleno sol sin problema.

Rama de Picea pungens

Además de esto, es fundamental plantar nuestra Picea pungens alejada de cualquier estructura, muro o construcción. Para conseguir su crecimiento vertical, esta conífera crea un sistema de raíces fuertes y radiculares que pueden comprometer los alrededores a medida que se desarrollan.

3. El riego, el cuidado de la Picea Pungens más exigente

Basta con conocer los cuidados de las coníferas para hacernos una idea en este aspecto. El abeto azul necesita un suelo con constante humedad, por lo que incluso teniéndolo plantado en el jardín tendremos que comprobar si tiene la que necesita. Normalmente, en los meses de invierno no es necesario regarlo gracias al rocío y a las lluvias. Sin embargo, en los meses de calor es más que probable que tengamos que cuidar su pauta de hidratación. Es más: es recomendable humedecer sus hojas, al caer el sol, para ayudarlas a soportar el calor.

Y no: si nuestro planteamiento es contar con plantas resistentes a la sequía, es fundamental descartar la Picea pungens. No la tolera, aunque sea breve.

4. El abonado, clave para su desarrollo

Como decíamos, la Picea pungens tiene un crecimiento lento. Sin embargo y debido a su alta demanda de nutrientes, es fundamental aplicar una pauta mensual de abono orgánico durante los meses de primavera y verano.

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Para que este fertilizante natural cumpla su cometido, tendremos que aplicar una capa generosa en torno a la base del árbol y mezclarla con la tierra. Para procurar que las raíces absorban los nutrientes, es fundamental acabar con riego en profundidad.

5. La poda, un cuidado menor de esta Picea

Salvo si nuestro abeto azul tiene alguna rama rota o enferma, podemos olvidarnos por completo de la poda. No la necesita e, incluso, puede llegar a entorpecer su crecimiento. Por eso y salvo en casos puntuales que requieran que saneemos el árbol, no será necesaria.

¡Y listo! Nuestro precioso abeto no necesitará más para crecer, a su ritmo, y embellecer nuestro jardín. Y a nosotros solo nos quedará tener paciencia para ver cómo alcanza ese tamaño tan imponente propio de él.