Es uno de los abetos más populares y, sin embargo, no se conoce en profundidad. La Picea glauca es una habitual en parques y jardines por un buen número de razones. No solo es una de las coníferas más hermosas, gracias al toque blanquecino de sus hojas. Además, su carácter rústico hace de ella una de las plantas de exterior menos exigente y más resistente, sobre todo al rigor invernal. Razones más que sobradas para incluirla entre nuestra selección de naturaleza.
A pesar de ser una especie de crecimiento lento, la Picea glauca desarrolla con el paso de los años un aspecto piramidal sumamente atractivo que nos recuerda al navideño. Un motivo por el que, a menudo, es la respuesta cuando nos planteamos cómo elegir el árbol de Navidad natural. Por un lado, su porte es menor que el de los clásicos abetos de Navidad. Por otro y dado que admite ser cultivado en una maceta de buenas dimensiones, podemos disfrutarlo de año en año sin inconvenientes.
Así que veamos qué demanda la Picea glauca para lucir esas singulares hojas blancas a las que se debe su nombre popular de abeto blanco.
CLAVES DEL CULTIVO DE LA PICEA GLAUCA
Antes de más, es importante saber que la Picea glauca comparte con el resto de coníferas buena parte de sus cuidados. Por ello y si no los conoces a fondo, nada como descubrirlos con Paula en apenas unos minutos.
Además de por su tamaño, hay otro buen motivo para contemplar la Picea glauca entre los tipos de árboles de Navidad naturales. Es un detalle meramente práctico, pero no podemos pasar de largo especialmente si en nuestra casa hay niños y mascotas. A diferencia de los abetos, las hojas del género Picea no forman agujas puntiagudas. Un detalle que puede parecer menor, pero que resulta sumamente interesante para evitar cualquier contratiempo con ellas.
Otro detalle importante es que, a diferencia de los abetos, esta conífera no tiende grandes raíces en profundidad. Un detalle que, como decíamos antes, facilita su cultivo en macetas de buenas dimensiones y permite que la disfrutemos, incluso, en una terraza o un balcón. También es una opción perfecta si nos planteamos cómo hacer una rocalla para el jardín, ya que nos dará la verticalidad que necesita este tipo de conjuntos sin entorpecer que plantemos otras especies vegetales alrededor.
Teniendo este par de aspectos en cuenta, veamos qué demanda para lucir el precioso colorido de sus hojas de carácter perenne con bienestar y salud.
1. La ubicación y el suelo, cruciales para la Picea glauca
Este dónde esté, hay algo que debemos contemplar y que es uno de los cuidados de las coníferas fundamentales. Por su procedencia, la Picea glauca debe estar siempre en un lugar de semi sombra. Aunque es recomendable que reciba iluminación, no tolera el sol directo especialmente en los meses de verano.

Tan importante como esto es vigilar el tipo de suelo en el que la plantemos. Hablamos de una conífera que no soporta el exceso de agua en sus raíces, por lo que lo ideal es que le procuremos un buen drenaje. Pero además de esto, es fundamental que cuente con un suelo con un porcentaje de arena que favorezca la aireación de las raíces y la evaporación del exceso de agua. Además, es imprescindible que tenga un suelo fértil ya que necesita contar con nutrientes para crecer.
2. La temperatura, algo que no debe preocuparnos
La Picea glauca es originaria del norte de Estados Unidos y Canadá. Una procedencia que ya nos da una buena pista sobre su tolerancia al frío. Acostumbrada a climas fríos y temperaturas extremas, no se resiente ni con las heladas ni con la nieve. Es capaz de soportar hasta -18 grados, por lo que no hemos de temer por su salud en los meses de invierno.
De la misma manera que soporta a la perfección el frío, no sucede lo mismo con el calor. Por eso, en los meses de más temperatura, no está de más humedecer las hojas cuando cae el sol para rehidratarlas.

3. El riego, uno de sus cuidados más exigentes
Es, sin lugar a dudas, el aspecto que más tendremos que cuidar. Como buena conífera, la Picea glauca no se lleva demasiado bien con la sequía y demanda un sustrato siempre ligeramente húmedo.
Por ello, hemos de ser rigurosos con el riego para que el terreno esté siempre fresco. Si lo tenemos plantado en suelo, durante buena parte del año no tendremos que estar pendiente de regar. Sin embargo, de estar en maceta tendremos que ser más cautelosos con la humedad.
En los meses de verano, es recomendable que la reguemos cuando caiga el sol y siempre en profundidad para hidratar las raíces.
4. El abonado, otro aspecto importante
Como decíamos, la Picea glauca demanda un suelo rico en nutrientes para poder mantenerse sana y crecer. Si bien no demanda la pauta de fertilizante de otras plantas, sí es interesante abonarla cada cierto tiempo para renovar el suelo e impulsar su desarrollo.

Si la tenemos plantada en maceta, podemos administrarle una dosis de abono para plantas verdes en un par de ocasiones al año. Si está plantada directamente en suelo, optaremos por una enmienda orgánica cada dos años.
5. Las plagas, algo que no debe preocuparnos
Dado que la Picea glauca es una especie rústica, es increíblemente resistente por lo que nos ahorrará tener que investigar cómo eliminar las plagas del jardín. Si acaso, tendremos que estar pendientes de su única y gran enemiga: la araña roja. Un insecto que podemos detectar si vemos que las hojas comienzan a adquirir una tonalidad marrón.
Hermosa, resistente y sencilla de cultivar. ¡Imposible no hacerse fan de la Picea glauca!
