Cómo cultivar el cerezo de flor

Cómo cultivar el cerezo de flor

La primavera es, sin lugar a dudas, la estación más esperada del año. Un momento en el que el sol vuelve a visitarnos, y los días comienzan a alargarse. Pero no solo eso: también es el momento en el que las flores vuelven a alegrarnos la vida. Y, como anticipo de ella, nada como disfrutar del espectáculo de vida del cerezo de flor. Un árbol de origen japonés que llena sus ramas de un espectáculo de color entre finales de marzo y comienzos de abril. Un auténtico aperitivo de lo que está por venir a lo largo de los meses sucesivos.

Muy habitual en paisajismo urbano, el cerezo de flor es una magnífica elección para casi cualquier espacio. No solo por su característico porte, en el que destaca su amplia copa. Además de su increíble belleza incluso sin flores, hablamos de un árbol sumamente resistente. Uno que nos demandará pocos cuidados y que, anticipándose a la primavera, llenará de colorido cualquier espacio. Eso sí: a diferencia de esa familia de árboles frutales con la que comparte nombre, el cerezo de flor no tiene frutos. Toda su energía se concentra en su floración. ¡Y no puede ser más hermosa!

Quizás por todos estos motivos, el cerezo de flor es uno de los árboles que ha conquistado el mundo. Y no solo eso: rompe el estándar de ese dicho que afirma que “nadie es profeta en su tierra”. Porque no solo puebla Japón, tanto plantado por el hombre como de manera silvestre. También es uno de los árboles más populares en Estados Unidos y Europa.

Veamos cómo cuidar de él para acabar de enamorarnos de este maravilloso árbol ornamental.

DRENAJE Y SOL, LOS DOS CUIDADOS CLAVE DEL CEREZO DE FLOR

Las pocas necesidades de mantenimiento del cerezo de flor lo convierten en el árbol perfecto para diferentes escenarios. Tanto si queremos plantarlo creando un cierre natural como si lo cultivamos en solitario, su espectacular porte hará las delicias de nuestros ojos. Pero, si queremos jugar todavía más con su belleza, nada como optar por una plantación en alineación. O, lo que es lo mismo, colocado en hileras para escoltar un camino o ejercer de escolta natural de una entrada. Incluso una vez haya perdido sus flores, el cerezo de flor creará un espacio único si optamos por disponerlo de esta manera.

Plantación de cerezo de flor
Cerezo de flor plantado en alineación

 

Pero no vayamos tan rápido porque, antes de ver cómo plantarlo, hay que saber qué necesita. Y sorprende saber que el cerezo de flor da tanto teniendo en cuenta lo poco que demanda. Eso sí: no podemos desatender sus pocas exigencias. Son la delgada línea roja entre que nuestro árbol prospere o enferme.

1. La ubicación, fundamental para disfrutar del cerezo de flor

Ya anticipábamos que es poco exigente en general, y no lo es menos con el tipo de suelo o sus nutrientes. Puede vivir en uno neutro o alcalino sin ningún problema. Pero, a pesar de ser sumamente adaptable, no podemos perder de vista un par de aspectos. Por un lado, que para poder crecer necesita estar plantado en un terreno ligero que, incluso, tenga un punto arenoso.

Y llegamos a una de sus grandes exigencias: un buen drenaje. Algo vital para que nuestro cerezo de flor crezca correctamente. En caso de no tenerlo, no solo no lo veremos prosperar. Puede, incluso, enfermar de hongos por exceso de agua en sus raíces. Así que no hay mejor manera de evitarlo que tomándonos nuestro tiempo para decidir dónde plantarlo.

Además, hay que contemplar otro aspecto. Un cerezo de flor suele alcanzar una altura de entre cinco y seis metros. Algo a tener en cuenta en el momento de la plantación, para evitar que pueda chocar con cualquier elemento de nuestro jardín.

2. ¡Sol y más sol!

Íntimamente ligado con donde lo plantemos, tendremos que contemplar este aspecto. El cerezo de flor demanda una dosis diaria altísima de luminosidad. Algo fundamental si queremos verlo florecer sin parar, y llenar su amplia copa de sus característicos colores. Por eso, además de comprobar que el suelo es como necesita, tendremos que plantarlo en un lugar que reciba el mayor número de horas de sol diarias. ¡Y no tengas miedo! Si recibe sol directo, no será un problema.

A pesar de esta necesidad, el cerezo de flor soporta las bajas temperaturas y no nos obligará a saber cómo recuperar una planta después de una helada. La única consecuencia de estas en el cerezo de flor es que, de ser heladas tardías de primavera, florezca con menos intensidad si se congelan sus yemas. Pero eso no quiere decir que no lo haga.

Cerezo de flor en flor
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3. Poca exigencia de agua

Al igual que otros congéneres de la misma familia, los Prunus, no tiene una gran demanda de agua. En realidad, aguanta mejor la sequía que el exceso de agua.

4. ¡Olvídate de podar el cerezo de flor!

Uno de los errores clásicos en el cultivo del cerezo de flor es podarlo. Así que ¡tijeras quietas! No solo podemos menguar su floración sino que, además, podemos comprometer la salud de la planta. Si decidimos cortar ramas gruesas, estaremos procurando la entrada de hongos en la planta. Por eso no solo hay que evitarlo sino que, si lo hacemos porque no quede más remedio, tengamos la precaución de usar una pasta cicatrizante.

Las únicas ramas que debemos podar en el cerezo de flor son aquellas que entorpezcan, que estén retorcidas o hayan enfermado.

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5. Vigila de cerca las plagas en verano

Y llegamos a uno de los cuidados del cerezo de flor que más demanda de nosotros. Porque, antes de preguntarnos cómo eliminar las plagas del jardín, lo ideal es que observemos mucho y de manera continua nuestras plantas. La mejor profilaxis que existe para, en caso de detectar una plaga, frenarla desde el principio. En el caso del cerezo de flor, tendremos que controlar de cerca el pulgón. Un incómodo insecto para el que este árbol es una golosina. Así que nada como revisar convenientemente nuestro árbol tan pronto las temperaturas comiencen a subir.

Estamos seguros de que te has enamorado del cerezo de flor tanto como nosotros. ¿Estás buscándole ya un sitio en tu casa? ¡No te lo pienses dos veces!

Disfrutarás de un árbol maravilloso que se llena de color antes incluso de que llegue la primavera.