Pocos se resisten a su elegante sencillez. A ese carácter sobrio y maravilloso de la Cala, una de las flores que alegra un jardín o un macetero. Y es que, a pesar de su aparente simplicidad, la también llamada Lirio de Agua es una de esas flores que inspiran placidez y celebración. Quizás por eso son las flores elegidas para algunos de los momentos más singulares de la vida (como, por ejemplo, las bodas), poder disfrutarlas cerca no está de más y pasa por unos cuidados muy básicos. Porque esa es una de la bondad de los bulbos: que no exigen demasiados cuidados para estar preciosas y alegrarnos la vida. Y, lo más interesante, según el tipo de cala que elijamos podremos disfrutarla un poco antes o un poco después: las calas blancas comienzan a florecer en marzo, mientras que las de colores son algo más tardías.
El aspecto más positivo, elijamos las que elijamos, es que su floración es constante durante incluso meses: en el caso de las blancas, es posible disfrutarlas hasta comienzos de junio mientras que las de colores (por su floración tardía) se gozan hasta bien entrado septiembre siempre que estén bien cuidadas.
Lo que es importante conocer es que su momento de plantación es ahora. Y, para hacerlo, además de resguardarlas de las heladas (pueden vivir con algunos grados por debajo de 0, pero no es lo más recomendable) tendremos que encontrar el mejor lugar para los bulbos con una precaución: las Calas, para florecer, necesitan un grado de humedad constante. Algo que no debemos confundir con exceso de agua (que solo deberemos procularle en época de floración): además de plantar los bulbos en un sustrato bien aireado y fertilizado con abono orgánico, tendremos que facilitarles para crecer correctamente un drenaje que permita que no se encharque el bulbo. Un aspecto fundamental sobre todo si las vamos a plantar en macetas o jardineras.

Si queremos disfrutar de la Cala en todo su esplendor, lo mejor es plantarla creando macizos (es decir: agrupar, según el espacio disponible, cuatro o cinco bulbos) pero sin agobiar en su crecimiento a los bulbos. Tendremos que dejar espacio (unos 15 centímetros) entre bulbo y bulbo si queremos que crezcan correctamente. Tengamos en cuenta que la Cala no es más que la flor de una planta con numerosas hojas verdes que, con el paso del tiempo, pueden alcanzar un tamaño importante. Por eso, para dejarlas crecer, es importante guardar esa distancia que no impedirá que crezca en grupos.
Y, por último, tengamos en cuenta que la Cala es una planta de semisombra. Una característica que tenemos que contemplar si queremos que las flores se mantengan (el sol las puede quemar) pero, también, si queremos que florezca: necesita la luz durante algunas horas al cabo del día.
Imágenes | Lara RT, Danilo Urbina