De suave olor y abigarrados pétalos, no cabe duda de que la Dalia es una de las flores que más han cautivado a lo largo de la historia. Y es precisamente a ella, a la historia, a la que le debemos poder disfrutarla lejos de su lugar de origen. Porque, a pesar de que nos hemos acostumbrado a que forme parte del paisaje de nuestros jardines, el lugar de nacimiento de la Dalia es más que lejano: procedente de Centroamérica, su presencia en el Viejo Continente es, como en el caso de otras flores como la Camelia (que ya vimos en este blog), el fruto de viajes para conocer qué había más allá del océano.
La que es considerada flor nacional de México viajó allá por el siglo XVI en una de las bodegas de aquellos barcos que regresaban de hacer las Américas. Un punto de partida para que Europa le rindiera pleitesía: tanto que incluso, en 1790, se fundó en Gran Bretaña la Sociedad Nacional de la Dalia. Una entidad que supo apreciar el carácter ornamental de la flor por excelencia de los aztecas, convirtiendo su cultivo en un objetivo para deleite de la gente.
A aquellos tiempos de enamoramiento del exotismo de la Dalia le debemos que, a día de hoy, podamos disfrutar de esta planta bulbosa en nuestros jardines. Un bulbo que ha de comenzarse a plantar ahora para disfrutar en los últimos compases del verano. Eso sí: como buena flor «tropical» (por más aclimatada que se encuentre después de tantos siglos), hemos de resguardarla en el momento de su plantación de las heladas típicas de enero si queremos gozar de ella con los días de sol.

Otro factor importante, la luz, para disfrutar de la belleza de sus flores (que, bien cuidadas, mantienen su plenitud durante una media de diez días): aunque necesitan estar plantadas en lugar con mucha luz, es importante que no les afecte el sol directamente para que puedan crecer en condiciones. Algo que tendremos que contemplar a la hora de plantarlas casi tanto como el hecho de que se encuentren apartadas de las corrientes de aire.
Por su origen, la Dalia conserva a pesar de los siglos a este lado del Atlántico todas las cosas que la hacen exótica: una variedad de colores y formas que sorprende (su familia botánica engloba más de 2.000 variedades… échale un ojo a las que tenemos en la tienda online de Verdecora) y la imperiosa necesidad de mantener humedad constante en el suelo en el que crece (siempre con un drenaje adecuado que le facilite esta humedad sin pudrir el bulbo del que nacen, ya que encharcarlo puede suponer poner en riesgo tanto el crecimiento de su flor como la salud del bulbo del que nace). Además, el importante mantener siempre nutrido del sustrato en el que vayamos a plantarla (es recomendable aplicarle al suelo, un par de semanas antes, un fertilizante orgánico) y observarla para evitar que sufra enfermedades propias de esta flor o para atajar las plagas que puede sufrir (como, por ejemplo, de tijeretas) con un pesticida adecuado.
Y, por último, disfrutar sus flores pasa casi de manera obligatoria por entutorarlas: una manera fantástica de hacer que el tallo no se quiebre a medida que vaya creciendo y que sus flores luzcan como solo las Dalias lo hacen.
Imágenes | Manuel, Damián Vila