Cuidados del olivo, el símbolo del Mediterráneo

Cuidados del olivo

Es el símbolo mediterráneo por excelencia y una de las plantas más emblemáticas de nuestra cultura. Desde hace algunos años, se ha convertido además en parte de nuestros jardines y no es para menos: los cuidados del olivo son tan sencillos que cultivarlo con éxito no requiere ni de grandes dotes de jardinería ni de mucha atención. Tan solo tendremos que dispensarle, como a cualquier otro árbol, algunos mimos y atender a su corta lista de necesidades.

Más allá de su valor simbólico, el olivo es además un árbol de increíble belleza ornamental. De porte elegante, puede llegar a tener una altura considerable y no por eso renunciar a la forma redondeada de su copa. Un árbol ideal para dar sombra, aunque tenemos que ser conscientes de que necesita su tiempo para alcanzar estas dimensiones.

Planta resistente y longeva, el olivo es perfecto para quienes quieren poner un toque rústico en su jardín ya sea plantado directamente en suelo o en una maceta de grandes dimensiones. En cualquiera de los dos casos y si somos estrictos cumpliendo los cuidados del olivo, en apenas unos años podremos disfrutar además de sus frutos. Unos que se hacen esperar hasta que la planta se encuentra completamente asentada y arraigada, pero por los que merece la pena tener algo de paciencia.

 

4 CUIDADOS DEL OLIVO CLAVES PARA SU BIENESTAR

Como decíamos, los cuidados del olivo son sencillos y pasan, fundamentalmente, por entender algunas de las características propias de este árbol. Y para ello nada como comprender cuáles son las dinámicas del clima del que es oriundo y que marcan, de manera inevitable, las particularidades de cultivo de esta planta. Y este es el primer aspecto que sorprende al conocer los cuidados del olivo: a pesar de proceder de ese clima templado que marca el Mediterráneo, el olivo tiene una increíble capacidad de adaptación a casi cualquier clima. Incluso el más frío, un escenario que se aleja mucho de sus orígenes.

 

1. Plantación en un lugar espacioso y a pleno sol

Uno de los primeros cuidados del olivo que tenemos que contemplar es el lugar en el que vamos a plantarlo. Y, antes de decidirlo, es importante tener en cuenta dos consideraciones. Por un lado, el momento de plantación. Primavera y otoño son las dos estaciones perfectas para llevarlo a cabo. A pesar de que el olivo soporta temperaturas de hasta -7º, si optamos por plantarlo en cualquiera de estos dos momentos del año su capacidad de enraizar será mayor que con el frío extremo del invierno o con demasiado calor.

 

Cuidados del olivo en maceta
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Por otro lado, tenemos que considerar el clima en el que vivimos. Si tenemos un árbol joven y habitamos en un clima frío, con heladas invernales; lo ideal es que su primer hogar sea una maceta de grandes dimensiones, incluso provista de ruedas. De esta manera, podremos cambiarlo de lugar en los meses de bajas temperaturas durante los primeros años. Un gesto que ayudará a la planta a enraizar y coger vigor. Si por el contrario el lugar en el que vivimos es templado, podremos plantar directamente el olivo en el suelo.

Además de tener esta consideración con la ubicación, entre los cuidados del olivo tenemos que contemplar que tenga una buena exposición solar. Una auténtica fuente de vida para unos árboles acostumbrados a ella.

 

2. Cualquier suelo pero nunca húmedo

Dónde plantar un olivo no nos quitará el sueño, ya que son capaces de crecer en cualquier tipo de suelo incluso si es pobre, calizo o con un grado de salinidad. A pesar de ello, hay que tener en cuenta algo que sí es fundamental para su bienestar: exige un buen drenaje. El olivo es una planta que no tolera bien el exceso de agua ni los encharcamientos, por lo que demandará una correcta evacuación del agua de riego.

Aunque es muy habitual plantar un olivo en mitad de un jardín rodeado de un frondoso césped alrededor, lo cierto es que esta no es la mejor ubicación para él. El césped tiene tanto una demanda como una capacidad de retención hídrica increíble, por lo que estará aportándole un exceso de humedad al árbol. Algo que puede provocar ataques de hongos o, incluso, que se pudran sus raíces.

Buganvilla
La buganvilla es una planta perfecta para asociar con el olivo. Descubre más sobre los cuidados de esta planta trepadora aquí

 

Así y si queremos plantarlo en el jardín, lo ideal es que lo hagamos asociado a otras plantas de clima mediterráneo como la lavanda, la buganvilla o, incluso, las plantas suculentas. Plantas que compartirán esa baja demanda de humedad, y que serán el entorno perfecto para que el olivo se desarrolle sin ningún tipo de problema.

Y ahora que ya sabemos qué no necesita, sepamos cómo sí tendremos que regar el olivo. Un ejemplar adulto tolera muchísimo mejor la sequía que la abundancia de agua, por lo que incluso puede vivir únicamente del agua de la lluvia que lo riegue de manera natural. Cuando se trata de plantas jóvenes, los cuidados del olivo varían sustancialmente: tendremos que regarlo de forma continua para que arraigue correctamente, asegurándonos de que entre riego y riego el sustrato esté seco.

 

3. El abonado, una vez al año

Empezamos diciendo que los cuidados del olivo era sencillos, y este aspecto no hace más que ratificarlo. De tener un ejemplar en el jardín o en macetas, tan solo tendremos que acordarnos de nutrirlo una vez al año. Para ello, basta con mezclar un abono orgánico con el sustrato alrededor del árbol, guiándonos por el área que marca la copa del mismo.

Compost orgánico
De procedencia orgánica, una enmienda como esta es la respuesta para abonar el olivo. Conoce sus características

El momento ideal para este gesto es al final del invierno en climas fríos y en otoño, para aquellos cálidos en los que no hay heladas.

 

4. La poda, el último de los cuidados del olivo

Y decimos esto porque no es una labor imprescindible, ya que muchas personas prefieren dejarlo crecer libremente, pero sí necesaria en muchos casos. Si queremos darle forma, podemos hacerlo tranquilos ya que el olivo admite perfectamente la poda sin que repercuta en su salud. Además de elegir correctamente las herramientas de poda según la envergadura de nuestro árbol, podemos aplicarla de tres maneras distintas dependiendo de la edad de nuestro olivo:

  • Poda de formación: ideal para árboles jóvenes que necesitan ser conducidos. Se realiza entre el segundo y el tercer año de la planta, y siempre eliminando tanto las ramas bajas que crecen al pie del árbol como los chupones.
  • Poda de fructificación: aquella que busca, en ejemplares de más de cuatro años, conseguir una mayor producción y prevenir enfermedades. Consiste en airear la copa de follaje y ramas.
  • Poda estética: aquella que realizamos no como parte de los cuidados del olivo sino buscando una forma determinada en la planta.

En los tres casos, el momento ideal para llevar a cabo la poda del olivo es entre finales de febrero y marzo. Un momento en el que, a pesar de que el invierno da sus últimos coletazos con menos intensidad, todavía podemos valernos del frío para ayudar a cicatrizar las heridas infligidas por la poda.