No, no se trata solo de ocio. El juego en el perro forma parte de su bienestar físico y emocional. Por una parte, porque se trata de un animal social que necesita jugar para despertar sus habilidades. Por otro lado, porque es jugando como el perro crea un vínculo de pertenencia con su dueño.
Lo personalizamos en lo que respecta al humano porque está en nuestra mano hacer que nuestro perro juegue, tanto con nosotros como con sus congéneres. Una auténtica necesidad que se despierta en los cachorros a muy temprana edad: nada menos que a las tres semanas de nacer.
Por esta importancia vital que tiene el juego en el perro son importantes dos aspectos: entender cómo es y ayudarle a jugar como parte de su educación.
CORRER Y MORDER, LAS BASES DEL JUEGO
Para reforzar ese vínculo tan especial que supone tener un perro, es importante contemplar estos dos aspectos fundamentales para él.
Correr no es solo una manera de hacer ejercicio físico sino, sobre todo, de ayudarle a canalizar ese exceso de energía que todo perro tiene. Gracias a esto le estaremos ayudando, por un lado, a mantener su cuerpo sano eliminando con el ejercicio físico uno de los males modernos que aquejan tanto a los perros como a los seres humanos: el sedentarismo.
Por eso, reservar un día a la semana para salir a pasear y jugar con nuestro perro es fundamental de la misma manera que plantearnos de manera seria acompañarle en un juego tan sano para él como es el Agility (algo ahora más accesible gracias a nuestros circuitos de acceso gratuito).
Además del desfogue físico, otra de las claves del juego en un perro es morder y, aunque nos pueda alarmar, no podemos evitarlo. El mordisqueo propio de un perro, tanto con sus juguetes como con otros perros, es una auténtica herramienta de socialización.
Tengamos en cuenta que la boca de un perro es su manera de expresarse con su entorno por lo que ese gesto de morder es su manera de descubrir su entorno.
Aunque no podemos evitar que muerda, como dueños hemos de velar porque ese juego fundamental para él sea lo más sano posible. Una buena razón para elegir cuidadosamente sus juguetes para que sean lo más sanos posibles para él. Una razón para evitar, por ejemplo, que un palo se convierta en su compañero de juegos o para buscar juguetes libres de tóxicos y químicos.
JUGAR COMO HERRAMIENTA DE EDUCACIÓN
Y porque el juego es parte de su bienestar, ni debemos ni podemos renunciar a que juegue pero hemos de hacer que se convierta en una manera de educarle.
El juego puede convertirse en un aliado para enseñar a nuestro perro disciplina y obediencia. Dos aspectos básicos del adiestramiento canino que no son más que una base para su propio bienestar (te recordamos por qué en este post).
Por eso, hay gestos importantes en el juego que debemos contemplar y que ayudarán a sentar estas bases de educación canina. Algunas pistas para hacer de este juego uno útil para su adiestramiento son, por ejemplo, enseñarle a que tú marcas el final del juego o que tú eres dueño del juguete. Algo que hemos de pautar sobre todo si establecemos un tira y afloja con un juguete (en el que tú marcas el juego y no tu perro) o si notamos en él un comportamiento violento.
Y, por último, un consejo: déjale jugar. No solo hará que tu perro sea más feliz sino que, además, tú también lo serás. Porque, al final, el bienestar de un perro también lo es de su dueño.



