Sentir la Naturaleza dentro de casa y hacer que nuestro hogar, esté donde esté, la respire. Si buscamos precisamente esto, la Areca puede ser una fantástica compañera de nuestro interiorismo. No solo porque es una planta de interior amada por quienes la tienen sino, también, porque aporta ese toque tropical propio de las palmeras. Quizás por eso, es una de las plantas más comunes en los hogares aunque hay que tener algo importante en cuenta: bien cuidada, puede alcanzar una altura bastante considerable (en torno a los dos metros) por lo que es importante ubicarla en un sitio en el que no solo esté a gusto sino, también, se le permita crecer en condiciones (échale un vistazo a nuestros consejos para grandes plantas en salones)
De carácter perenne, su origen es variopinto: no solo puede encontrarse en lugares como Madagascar sino también en Malasia y en muchos países del sur de Asia. De ahí que, si vivimos en un clima cálido, es posible verla crecer en exterior pero de hacerlo en interior también podemos disfrutarla en todo su esplendor con unos cuidados básicos que pasan por dos aspectos fundamentales: luz y humedad.
Aunque puede vivir a pleno sol, la Areca prefiere la semisombra. Así, si la tenemos dentro de casa, lo mejor es situarla cerca de una ventana (necesita mucha luz para crecer y mantener su verde natural) pero evitando especialmente en verano que el sol incida directamente sobre ella si no queremos que sus hojas más jóvenes se quemen. Dado que es una planta semi tropical, también es importante que se encuentre en una temperatura cálida y, fundamental, que no permitamos que esté nunca por debajo de los 15º.

Al igual que la luz es fundamental, lo es el riego: como buena planta tropical, la Areca necesita un ambiente húmedo por lo que tendremos que estar pendientes del estado de su tierra para detectar si está pasando sed (especialmente, durante el invierno por la calefacción de cada casa) pero evitando siempre encharcarla (nada de riegos abundantes, lo importante es mantener su humedad). Durante los meses de frío, un buen complemento para mantener sus hojas es pulverizarlas una vez a la semana con agua (un gesto que tendremos que intensificar en verano, pulverizándola a diario para refrescarlas).
Como último consejo, tengamos presente el abonado: dado que es una planta que transpira a través de sus hojas de una forma importante (se calcula que una Arcea de dos metros puede llegar a transpirar un litro de agua diario), además del riego es importante mantener su suelo rico. Para ello, nada como abonarla de manera regular con un fertilizante completo para planta verde que administraremos de manera constante en los meses de calor (una vez al mes aproximadamente) y eventualmente durante los meses de frío.
Y si queremos que luzca en nuestro hogar y aporte las dos razones por las que la Areca es una buena compañera para cualquier interiorismo (la elegancia de su verticalidad y lo alegre de sus hojas), no podemos descuidar algo importante también: el recipiente en el que la disfrutemos. Si optamos por un cubre maceta añadiremos arcilla expandida en la base para permitir el drenaje. Y, si la acabamos de incorporar a nuestra casa, es mejor esperar un poco antes de trasplantarla (hasta la primavera y hasta que se aclimate a su nuevo ambiente).
Si te apetece tener una Areca en casa, échale un vistazo a las que Verdecora tiene para ti aquí.