Aunque no es algo nuevo, es cada vez más común escuchar la palabra biofilia. Un término del que, a pesar de su popularización, se sigue desconociendo cuál es su significado y, sobre todo, su implicación para la vida humana. Conocer su definición, «amor por la vida y lo vivo», puede aclararnos ligeramente en qué consiste la biofilia. Pero, si de verdad queremos ahondar en el tema, es inevitable unir ese significado a otro aspecto fundamental: la naturaleza.
La biofilia como término sería acuñado a comienzos del siglo XX por el psicoanalista, psicólogo y filósofo Erich Seligmann. Sin embargo, serían los estudios del biólogo Edward O. Wilson los que demostraran la increíble vinculación innata entre el ser humano y su entorno natural. Una conexión con fuertes connotaciones no solo físicas sino, también, emocionales que vendría a demostrar que necesitamos de forma genética estar en contacto con animales y plantas.
Así que descubramos qué es exactamente, y lo que es más importante: cómo podemos valernos de ella para mejorar nuestra vida.
¿QUÉ ES LA BIOFILIA?
Ya conocemos la definición como tal, pero es momento de bajarla a tierra. ¿Te has preguntado alguna vez por qué disfrutas de contemplar un paisaje? ¿Por qué trasplantar o arreglar nuestras plantas nos produce satisfacción? ¿O, incluso, cuál es la razón para que sintamos un placer singular acariciando al animal con el que compartimos nuestra vida? En todas estas situaciones hay un elemento común: la biofilia. Algo que sentimos de forma natural, aunque hasta ahora no supiéramos entender el motivo.
Es cierto que, en todas las situaciones que hemos planteado antes, existen razones físicas que desencadenan esas sensaciones que provoca cada una de ellas. Y, si bien hay una explicación que pasa por el aumento de determinadas hormonas, esta reacción se basa también en la biofilia. Como explica Wilson en sus investigaciones, la biología del ser humano vive esos flujos naturales como respuesta a nuestra propia huella genética. Y no solo eso: añadido, el contacto con la naturaleza llama a conectar con las emociones de nuestro yo profundo. Un plano de nuestra mente que hunde sus raíces en nuestra propia evolución como raza humana que, a pesar de todo, mantiene esa vinculación con su pasado más remoto.
Es por ello que sentimos satisfacción tocando la tierra, mirando al mar o disfrutando de la compañía de los animales. Porque, si bien creemos que se trata únicamente de un complemento a nuestra felicidad, lo cierto es que buena parte de nuestro desarrollo físico y mental depende íntegramente de ese contacto.
CÓMO TENER LA NATURALEZA CERCA EN NUESTRO DÍA A DÍA
El estilo de vida de las últimas décadas ha separado, en gran medida, al ser humano de la naturaleza. La tendencia a realizar una vida eminentemente urbana es una de las principales cortapisas para desarrollar plenamente esta vinculación tan necesaria. Pero curiosamente y a pesar de la realidad, el ser humano ha encontrado mecanismos para volver a la naturaleza incluso viviendo en pleno asfalto. Un hecho que podemos comprobar en esos espacios verdes que sirven de pulmón y jardín de recreo en las ciudades; o al incremento sustancial de aquellos hogares en los que al menos un animal forma parte de la familia.
Pero al margen de los planes de urbanismo o de decantarnos por tener una mascota, hay otra manera de mantener esa conexión natural que se impone. Nos referimos a descubrir los motivos para tener plantas en casa. Una tendencia que se impone, incluso en los entornos más urbanos, como manera de permanecer en contacto con nuestro yo más natural.
No es la única manera en la que la biofilia se impone en nuestra actual manera de vivir. Son cada vez más los entornos laborales que han apostado por esta tendencia de unir desempeño profesional con naturaleza. Algo que, en el plazo de una década, podría cambiar sustancialmente la manera que tenemos de concebir las oficinas y espacios de trabajo. Elegir las mejores plantas para la oficina hace de ellas auténticas compañeras del día a día, y el espacio laboral comienza a verse renovado gracias a la presencia de un aliado que se impone: el jardín vertical, tanto de planta natural como de planta artificial. Podríamos pensar que se trata, únicamente, de atrezzo. Y nos equivocaríamos por completo con la afirmación. La presencia de naturaleza en espacios de trabajo trae consigo el incremento de tres aspectos fundamentales: el bienestar humano, la productividad y la creatividad.
Es tal el impacto que tiene ese contacto con la naturaleza que se prevé que arquitectura y biofilia evolucionen, en los próximos años, de la mano. Una manera de promover esos valores que acabamos de mencionar también en un ámbito doméstico.
Los jardines terapéuticos, otra forma de biofilia
La repercusión que la naturaleza tiene en nuestro organismo es tal que, desde hace algunos años, existen los denominados jardines terapéuticos. Unos espacios verdes que, aunque podríamos pensar a priori que buscan únicamente la mejora de nuestro plano emocional, también tienen importantes beneficios en nuestro organismo.
Es tal su impacto positivo sobre nuestra salud que la jardinería se ha empezado a postular como parte, incluso, de las terapias de cura contra el cáncer. Una forma innovadora de mejorar la calidad de vida de este tipo de pacientes que podría cambiar el entorno hospitalario tal y como lo conocemos hasta ahora, convirtiéndolo en un espacio más amable y más natural.
Volver a la raíz, a lo natural. A lo ancestral. A todo lo que nos recuerda que, por más que evolucionemos, seguimos siendo animales íntimamente ligados con la tierra.


