10 pasos para la puesta a punto de la piscina para el verano

10 pasos para la puesta a punto de la piscina para el verano

El buen tiempo está a la vuelta de la esquina y, aunque veamos muy lejos el momento de meternos a remojo, llegará antes de lo que imaginamos. Un buen motivo para aprovechar la primavera para la puesta a punto de la piscina para el verano. Una época que nos permitirá ir realizando las tareas necesarias para que, con el primer día de sol en condiciones, podamos darnos un chapuzón.

Lejos de ser algo menor, la puesta a punto de la piscina para el verano es vital. El invierno compromete de una manera importante la higiene del agua. Una época del año en la que, además de hojas, el agua se llena de otros visitantes poco saludables. Hablamos de las bacterias y hongos que acostumbran a proliferar en el agua estancada. Unos que tendremos que eliminar para conseguir que nuestro agua esté en equilibrio y sea apta para el baño.

La puesta a punto de la piscina para el verano es una labor sencilla. Sin embargo, y al involucrar diferentes tratamientos químicos para piscinas, requiere su tiempo para que estos hagan efecto. Una razón de peso para no esperar a la llegada del calor para comenzar a prepararla.

10 PASOS PARA LA PUESTA A PUNTO DE LA PISCINA PARA EL VERANO

Aunque durante los meses de calor el mantenimiento es regular, la puesta a punto de la piscina para el verano es el punto de partida imprescindible para ello. Si no adecuamos el agua antes de comenzar a utilizarla, los cuidados que le dispensemos después no serán todo lo efectivos que debieran. Algo que no solo repercute en su salubridad sino, fundamentalmente, en nuestra salud.

Así pues, veamos los diez pasos básicos para la puesta a punto de la piscina para el verano. Diez tareas que no requieren un gran esfuerzo y que nos permitirán disfrutarla plenamente.

1. Retirar y limpiar la cubierta

Aunque pueda parecer de perogrullo, retirar la cubierta de protección para piscinas que hemos usado durante el invierno es el primer paso. Pero no solo quitarla para poder realizar las labores de mantenimiento necesarias. Más bien, es momento de limpiarla a fondo para eliminar todos los restos que el invierno haya podido dejar en ella.

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Para ello, y según el material, lo ideal es que empleemos un cepillo de piscina y un agua jabonosa. Después de limpiarla a conciencia, es importante que seque extendida al aire libre. Este aspecto es fundamental para evitar que se acumule humedad. Una que, por un lado, puede provocar la nueva presencia de hongos y, por otro, puede promover que la cubierta sufra alguna rotura.

Lejos de almacenarla hasta el próximo verano, es recomendable continuar utilizándola. Gracias a ella, no solo el agua podrá mantenerse aseada. Además, evitará la evaporación cuando los días de calor comiencen a ser lo habitual.

2. Comprobar el estado de los accesorios sumergidos

Antes de sanear el agua, es importante que saneemos todo lo que está sumergida en ella. Cestos, rejillas, skimmer e, incluso, escaleras pueden haber sido objetos de hongos y algas. De ahí que lo ideal es que eliminemos cualquier rastro de ellos, de hojas o de podredumbre antes de desinfectar el agua.

Además, esta tarea es perfecta para detectar si todo está en el estado que corresponde. Y, en caso de que no, poder cambiar las piezas necesarias o asegurarlas, como suele suceder con las escalerillas de la piscina.

3. Limpiar el fondo

Eliminar la mayor cantidad de suciedad posible antes de tratar el agua es clave en la puesta a punto de la piscina para el verano. Por esta razón, tendremos que emplearnos a fondo con el suelo. Un lugar en el que tiende a acumularse todo aquello que cae en la piscina como consecuencia del invierno.

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Aunque podemos hacerlo de una manera manual con un limpiafondos, lo cierto es que si es de buenas dimensiones tendremos que plantearnos el uso de un robot de piscina.

4. Revisar el sistema de filtración

Como consecuencia de la quietud del agua durante el invierno, es posible que nuestro sistema de filtración se haya visto comprometido. Por un lado si es metálico, tendremos que revisar si hay óxido en la instalación y eliminarlo. Además, lo más recomendable es aplicar posteriormente una pintura antioxidante para mantener correctamente su estructura. También es más que probable que nuestro filtro cuente con una acumulación de cal que también tendremos que retirar raspando.

En caso de que el sistema de filtrado de nuestra piscina sea de arena, hay que prestar atención al filtrante de sílex y reponerlo. Tampoco está de más revisar el estado de la arena y reponerla en caso de que sea necesario.

5. Comprobar el buen estado de la instalación eléctrica

Una tarea que no podemos llevar a cabo cuando la piscina esté a pleno rendimiento. Y que, por otro lado, es vital. Es importante hacer un test para comprobar si todos los dispositivos de iluminación subacuática funcionan correctamente. Pero no solo hablamos de echarle un vistazo a los proyectores sino, también, a las cajas de conexiones. En ocasiones, las heladas invernales pueden estropearlas y es fundamental revisar que están en perfecto estado.

6. Eliminar suciedad del agua en superficie

Tras limpiar la suciedad del fondo, es habitual que mucha de ella pase a formar parte de la superficie. Lo ideal es que, tras el paso anterior de la puesta a punto de la piscina para el verano, aprovechemos para pasar el recogehojas a la superficie.

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Gracias a él, no solo eliminaremos las hojas sino también la porquería que hayamos podido levantar del fondo.

7. Limpiar las paredes de la piscina

Al igual que sucede con los accesorios de piscina sumergidos, las paredes también acusan los efectos del invierno. Por más sucias que puedan estar, tendremos que olvidarnos de cualquier tratamiento agresivo. Lo ideal para limpiarlas es utilizar, simplemente, un cepillo para piscinas o, para la suciedad más resistente, una pistola de agua a presión.

Hay que tener en cuenta que, en caso de que las paredes tengan hongos o algas, podremos eliminarlas por completo con productos específicos. Unos nada agresivos con la superficie y que no pueden provocar, como sí lo hace un exceso de limpieza con según qué utensilios, ninguna rotura.

8. Rellenar de agua

Para que nuestra labor de saneamiento sea correcta, tendremos que rellenar la piscina hasta su nivel óptimo de agua. De esta forma, las proporciones de los productos de limpieza de piscinas que utilicemos estarán cumpliendo con su papel de conseguir nuevamente el equilibrio de los parámetros del agua.

9. Sanear el agua

Y llegamos al paso crucial en la puesta a punto de la piscina para el verano. Uno que, si bien muchos creen que es el primero, hay que dejar para el final. Es momento de prestarle atención al agua, comenzando por la aplicación del cloro. Lo idóneo es que nos decantemos por un cloro de acción rápida. Uno que, ya sea en pastillas o granulado, ofrezca en su formulación  la posibilidad de luchar contra algas, bacterias y hongos. De esta manera, con una sola aplicación, estaremos cubriendo todas las necesidades de limpieza del agua.

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Si, además, elegimos un cloro con floculantes para piscina, estaremos permitiendo que nuestro agua se mantenga clara. Los filtros no pueden retener las sustancias de pequeño tamaño, como pueden ser las sales o las algas. Gracias a este tipo de productos, estas partículas se aglutinan quedando así atrapadas en los filtros o, bien, se precipiten al fondo de la piscina.

Lo ideal es que apliquemos el cloro en torno al perímetro de la piscina. Una vez realizado esto, tendremos que dejar la depuradora funcionando durante 12 horas.  Si hay exceso de cloro, dejaremos reposar el agua y volveremos a medir los valores pasadas unas horas. Si, por el contrario, nos hemos quedado cortos podemos corregir los valores añadiendo un poco más.

Si nuestra piscina es salina, en lugar de cloro tendremos que aplicarle sal. Gracias al clorador de este tipo de piscinas, la convertirá en un potente desinfectante.

10. Analizar el pH de la piscina

El último paso para la puesta en marcha de la piscina para el verano y para poder disfrutarla con seguridad. Conocer el pH de nuestra piscina es clave para cualquier mantenimiento que realicemos. Y es que de él dependen los distintos tratamientos que le apliquemos al agua.

Un pH óptimo debe estar siempre entre 7,2 y 7,6. Si nuestro pH está por encima de esos valores, tendremos que utilizar un producto reductor de cloro. En caso de que esté por debajo, tan solo tendremos que añadir un poco más de este químico.

Y con estos diez sencillos pasos para la puesta en marcha de la piscina para el verano, solo nos queda una cosa: disfrutarla.

 

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