Cómo hacer germinados caseros

Cómo hacer germinados en casa

De un tiempo a esta parte, se han transformado en eso que no puede faltar en una mesa sana. Un buen motivo para saber cómo hacer germinados caseros. Lejos de lo que pueda parecer, disfrutar de ellos es muchísimo más sencillo de lo que podemos pensar. El proceso se parece muchísimo al de crear un semillero. ¿La gran diferencia? Que mientras unos se destinan a crecer para ser trasplantados en el huerto, otros irán a parar directamente al plato.

Lejos de ser una novedad, cómo hacer germinados caseros es una tradición milenaria. Y decimos esto porque hay que remontarse nada menos que a la historia de Asia para entender su importancia culinaria. Son las distintas culturas de este continente las que consideran que su ingesta regular como parte de la dieta diaria es el secreto de la longevidad. Pero no hablamos únicamente de vivir un siglo. Nos referimos, también, a hacerlo en plenitud física.

Así que ya sea por tendencia o por salud, hoy queremos ahondar en cómo hacer germinados caseros. Y no solo porque sea una tarea sencilla, ideal para amantes del huerto. También porque contar con ellos en nuestra dieta nos procurará un buen número de nutrientes.

BENEFICIOS DE LOS GERMINADOS Y BROTES

Antes de ver paso a paso cómo hacer germinados en casa, no está de más comprender su importancia. Un germinado no deja de ser una auténtica porción de vida. Y es que esa semilla, legumbre o, incluso, cereal está en el momento más vital de su ciclo. Precisamente por eso, el contenido nutricional de los germinados es asombroso. No solo tienen concentraciones mayores que las plantas adultas en enzimas, ácidos esenciales, vitaminas o proteínas. Es que, además, poder disfrutar de ellos cuenta con unos plazos muy concretos: entre tres y cinco días después de comenzar a brotar.

Por qué saber cómo hacer germinados caseros

Pero no es la única virtud de estas semillas en plena evolución. Los germinados son una fuente única de fibra que, además, presenta otra ventaja ideal. Por su increíble juventud, su digestión es muchísimo más sencilla para el organismo. Algo que no está reñido con que, además, nuestro cuerpo presente una sorprendente absorción de los muchos nutrientes presentes en cada germinado.

Otro aspecto sumamente interesante es que los germinados no entienden de calendario del huerto. O, dicho de otra manera, que este tipo de semillas por sus condiciones de cultivo pueden disfrutarse en cualquier momento del año. Algo que, sumado a su rapidez de crecimiento, hacen que no tengamos que renunciar nunca a poder saborearlos.

Por qué hacer germinados caseros

Saber cómo hacer germinados caseros puede sumarle, todavía, más atractivo a nuestras plantas. Decidir cultivarlos por nosotros mismos nos da la opción de verlos crecer y velar por los pasos de su cultivo. Algo genial no solo por el placer personal de comer aquello que hemos plantado y cuidado. También porque nos permite garantizar que se trata de un alimento completamente ecológico, cultivado sin ningún tipo de añadido.

La sostenibilidad está íntimamente ligada a cómo hacer germinados caseros. Por un lado porque al no comprarlos elaborados, estaremos evitando los envases derivados. Por otro, porque al comer la planta en un estadio inicial estamos ahorrando esa cantidad de agua de riego que demanda su cultivo hasta ser una planta completamente desarrollada.

Por qué saber cómo hacer germinados caseros

Y no: si nos planteamos cómo hacer germinados en casa, no temamos el tema espacio. Nuestros nuevos brotes no nos robarán espacio del que tengamos en nuestro tipo de mesa de huerto o huerto en suelo. Y es que, salvo semillas muy puntuales como las de girasol, su lugar de crecimiento no será directamente el sustrato.

CÓMO HACER GERMINADOS CASEROS PASO A PASO

Comprendida su importancia alimentaria, veamos cómo hacer germinados caseros. Lograr sacarlos adelante pasa, únicamente, por tener paciencia y conocer cómo es el paso a paso. Tengamos algo muy claro: sus condiciones de cultivo son ligeramente distintas a las de un semillero al uso. Y no solo eso: hemos de ser sumamente estrictos en lo que respecta a la higiene. Las condiciones de germinación son, también, muy propensas a la proliferación de bacterias salvo que usemos un kit específico para ellos. Por eso no solo es muy importante seguir a pies juntillas las indicaciones de tiempos y cambios de agua. También lo es lavar a conciencia las semillas antes de germinarlas, y los germinados antes de ingerirlos.

Semillas de lenteja para hacer germinados
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Además de esto, es importante utilizar semillas de huerto específicas para germinados. Es cierto que podemos germinar cualquier semilla, legumbre o, incluso, cereal. Pero hay una diferencia importante entre las semillas para germinados y cualquier otra que queramos germinar por nuestra cuenta. Las primeras están preparadas para crecer en unas condiciones determinadas. Las segundas no y, por tanto, suelen pudrirse. Algo que puede hacer que nos desanimemos, y abandonemos su cultivo. Si queremos germinar legumbres o cereales, lo ideal es que optemos por aquellas de cultivo ecológico.

Dicho esto, veamos paso a paso cómo hacer germinados caseros:

1. Humedecer las semillas

El punto de partida de hacer germinados caseros. Aun siendo brotes específicos para hacer germinados, es importante ponerlas a remojo durante entre 8 y 12 horas. En el caso de las legumbres, tendremos que alargar un poco más este tiempo. Además, hay que tapar el recipiente en el que las humedezcamos con una gasa o un trapo ligero. Y, para terminar, colocarlo en un lugar oscuro y cálido.

Es importante ser comedidos en el número de semillas. O, mejor dicho, que calculemos las semillas según el espacio que tengamos para la germinación. Si lo sobrecargamos, es probable que no salgan adelante como queremos.

2. El recipiente: clave en cómo hacer germinados caseros

Existen dos maneras de hacer germinados caseros: o bien un simple frasco de conserva de cristal, plato o una bandeja germinadora. Optar por este último presenta ciertas ventajas con respecto al primero. Para empezar, que cuentan con una bandeja con alveolos y rejilla pensada específicamente para germinar semillas. Para seguir, la bandeja en la que colocaremos el agua guarda una distancia muy prudente con respecto a la rejilla. Y, por último, su morfología es perfecta para crear el ambiente de germinación que nuestras semillas necesitarán.

Maceta para brotes
Si te decantas por los brotes, utiliza esta maceta de brotes.

La elección del recipiente de germinación, cuando no se trate de una bandeja germinadora, no puede hacerse a la ligera. En realidad, depende en gran medida del tipo de semilla. Veamos algunos ejemplos:

  • Germinación en plato: ideal para semillas mucilaginosas como la albahaca, el lino o la rúcula. Este tipo de semillas demandan estar extendidas y siempre ligeramente húmedas. No confundir esto con encharcadas. No pueden ser germinadas en tarro
  • Germinación en tarro: apto para semillas no mucilaginosas, que son la mayoría de ellas. Brócoli, remolacha y todas las legumbres responden perfectamente a este tipo de germinación. En este caso, es importante mantener el bote inclinado y una rejilla en la embocadura que nos ayude a drenar el agua sobrante

3. Lavar, escurrir y colocar para germinación

Transcurrido este tiempo, hay que lavar y escurrir las semillas antes de colocarlas para germinación. La disposición será distinta según el recipiente que usemos para esto. Si optamos por una bandeja germinadora, lo ideal es colocar una semilla por cada alveolo y llenar de agua hasta la línea que nos indique cada modelo de bandeja. Si las germinamos en un plato, es recomendable colocarlas de una en una y sin superponerlas. Y si lo hacemos en frasco, tendremos que tratar de que queden lo más separadas posibles sobre sus paredes.

Tarro de germinados
Usa este tarro de germinados para sacar adelante los tuyos.

Nuevamente, hay que colocar nuestras semillas en un lugar específico: uno con luz indirecta y cálido. La cocina puede ser, sin ir más lejos, la mejor ubicación.

4. Cambiar el agua o humedecer

Nuevamente, el recipiente de germinación marca esta tarea. Pero, también, la salud de nuestros germinados. Para evitar que puedan formarse mohos o bacterias, hemos de ser rigurosos en este aspecto.

Si utilizamos una bandeja de germinación, tendremos que cambiar el agua diariamente. Si germinamos en un frasco, lo ideal es aclarar un par de veces al día con agua tibia nuestras semillas y escurrirlas. Pasados tres días, podemos hacerlo diariamente una única vez. En el caso del plato, la pauta es similar: escurriremos el agua, enjuagaremos semillas y plato con agua tibia, y volveremos a colocar.

5. Tener paciencia

Ahora es cuando llega la parte más complicada de cómo hacer germinados caseros. Porque la impaciencia, ¡no nos engañemos!, en ocasiones nos juega una mala pasada. Pasados entre dos y cuatro días desde que comencemos, veremos nuestras semillas germinar. Pero ojo: lo ideal es tomarse la paciencia de que tengan un tamaño aceptable para su consumo. Un ejercicio interesante, también, para ir abriendo boca del manjar que nos espera.

Y ahora que sabes cómo hacer germinados caseros ¿te animas a tener los tuyos? ¡No te arrepentirás!