Cómo y cuándo trasplantar tomates

Cómo y cuándo trasplantar tomates

Es uno de los cultivos estrella del huerto. Sin embargo, cómo y cuándo trasplantar tomates es una de esas tareas hortelanas que generan muchas dudas. Algo perfectamente lógico, sobre todo cuando nos iniciamos en el cultivo de esta fruta. Por un lado, saber cómo trasplantar una planta correctamente es clave para su supervivencia. Por otro, porque esta sencilla tarea trae consigo un estrés, tanto en lo que se refiere a las plantas ornamentales como a las plantas de huerto, que debemos tratar de minimizar para garantizar su supervivencia.

En el caso del tomate, el trasplante es sin lugar a dudas una de las tareas más delicadas. Nuestros plantones vienen de crecer en un espacio habitualmente protegido, con un sustrato para semilleros específico sumamente rico en nutrientes y cultivados con sumo mimo. Por eso, ese salto al lugar de plantado definitivo debe partir de unos cuidados muy específicos que no solo garantizarán que nuestras plántulas progresen sino que, además, no se resientan con el cambio de ubicación.

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Por todo ello, veamos cómo trasplantar tomates correctamente. Una labor imprescindible para el correcto desarrollo de nuestras plantas que debe hacerse bajo condiciones muy específicas.

¿CUÁNDO TRASPLANTAR TOMATES?

Es la primera duda recurrente en lo que respecta a trasplantar tomates. En líneas generales, se suele decir que el trasplante de semillero a plantado debe realizarse un mes después de la siembra. A pesar de esta pauta general, no hay una máxima sino, más bien, algunos aspectos que debemos contemplar para que la tarea no resienta la salud de nuestras plantas. Tanto en lo que respecta a cómo cultivar tomates como a otras muchas labores del huerto, los tiempos los marca el entorno más incluso que las pautas.

Por ese motivo, veamos dos aspectos a contemplar para saber cuándo ha llegado el momento ideal para trasplantar tomates.

1. El clima, fundamental

Tener un huerto implica honrar la tradición de mirar la tierra pero, también, al cielo. Y es que si hay un factor determinante en el buen desarrollo de nuestros cultivos es el clima. Como no podía ser menos, en el caso del tomate es además determinante. Es un cultivo que no tolera los fríos extremos y mucho menos las heladas. Una razón de peso para vigilar de cerca la climatología del lugar en el que vivimos tanto para cultivarlo como a la hora de trasplantarlo.

Trasplantar tomates es una tarea que se hace a mediados de primavera, pero que implica coger esto con pinzas. Si vivimos en una zona en la que todavía hay riesgo de noches frías, lo ideal es posponer la tarea y esperar a que la climatología sea más cálida. También podemos ir aclimatando nuestras plantas de forma progresiva al clima con el que se van a encontrar. Una tarea que implica sacar nuestras plantas de la zona protegida de cultivo, exponerlas durante el día al clima real y volviendo a ponerlas a salvo durante la noche.

Plantas de tomate en semillero

Tan importante como el momento del mes en el que optemos por trasplantar tomates es el momento del día. Lo ideal es huir de hacer esta tarea en las horas centrales del día y, por tanto, de más calor. Una buena hora es por la tarde, cuando el sol ha comenzado a caer y las temperaturas son menos cálidas.

2. El estado de la planta, clave para trasplantar tomates con éxito

En líneas generales, se dice que para trasplantar tomates nuestra planta debe cumplir una serie de requisitos: tener entre 10 y 15 centímetros de altura, contar con al menos tres hojas maduras verdes, homogéneas y sanas; y que el envés presente una tonalidad ligeramente púrpura. Además, también tendremos que vigilar que el tallo sea fuerte, que las raíces presenten un estado blanquecino y que estén bien distribuidas por el cepellón de la planta.

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Pero ¿qué sucede si nuestros plantones no cuentan con esas características? Pues, lo más probable, es que no puedan sobrevivir al trasplante. Por eso, lo ideal es aplicar el sentido común y, en caso de que veamos que nuestra futura planta de tomate no presenta el vigor y la fuerza que describimos, pospongamos su siembra al lugar definitivo. Nos tocará tener paciencia, sí. Pero nos estaremos garantizando, así, que esté completamente preparada para el cambio.

¿CÓMO TRASPLANTAR TOMATES?

Comprendida la importancia del cuándo, es momento de saber cómo. La tarea de trasplantar tomates no reviste, como tal, una gran dificultad. Lo que sí hay que saber es que demanda unas condiciones muy específicas que son fundamentales para el correcto desarrollo de nuestras plantas. Un quinteto de tareas que repercutirán ¡y mucho! en el futuro de nuestros frutos.

Veamos qué debemos contemplar:

1. Un suelo nutrido y ligeramente húmedo, la base fundamental para nuestro cultivo

Es crucial. El tomate es un cultivo con una altísima demanda de nutrientes, por lo que darle un suelo enriquecido es fundamental para su correcto desarrollo. Es más: solo si tiene todo lo que necesita para crecer con fuerza podremos esquivar algunas de las plagas y dolencias propias de este cultivo.

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Por eso, enriquecer el lugar de plantado es fundamental. Si lo planificamos, lo ideal es fertilizar el suelo 15 días antes de trasplantar tomates con un abono orgánico. Lejos de hacerlo en superficie, tendremos que mezclarlo con la tierra a unos centímetro de profundidad. De esta manera, las raíces de nuestros plantones contarán con un suelo rico para absorber nutrientes.

Si no hemos podido planificarlo, tampoco es grave. Bastará con que a la hora del trasplante apliquemos una generosa mezcla de humus de lombriz y tierra en la base del hoyo de plantación.

Al margen de esto, otro detalle importante: el grado de humedad del suelo. Para trasplantar nuestros plantones de tomate, lo ideal es que esté ligeramente húmedo. Si está seco, tendremos que hidratarlo. Si está demasiado mojado, posponer la tarea para que el exceso de humedad no nos juegue una mala pasada.

2. Un hoyo de plantado a la medida de nuestras plantas y con distancia, importante

Un error habitual cuando trasplantamos es hacer agujeros demasiado grandes en la tierra. En el caso del tomate, lo idóneo es que sean del mismo tamaño que el cepellón, tanto en lo que respecta a la profundidad como al contorno. No es recomendable que queden espacios vacíos bajo las raíces, ya que corremos el riesgo de que embolsen agua y pudran las raíces. Es más: es mejor que una pequeña parte del tallo quede enterrado con respecto a la superficie, sobre todo si nuestros plantones ya tienen un buen tamaño. Nos ayudará a crear nuevas raíces que sustenten nuestra planta.

Pasos para trasplantar tomates

Tan importante como esto es respetar la distancia entre hoyos de plantado. Aunque veamos nuestras plántulas pequeñas, la planta del tomate adquiere frondosidad a medida que crece y necesita espacio para poder hacerlo.

3. Un cuidado máximo de nuestras plantas durante la tarea de trasplante

Fundamental. Mimar nuestros plantones de tomate durante la tarea garantizará que no se resientan más con el trasplante. Por eso, es importante sacar las plantas con cuidado de los semilleros evitando golpearlas siempre por abajo. También tendremos que ser precavidos y tratar de no tirarlas antes de trasplantarla.

Al margen de estos cuidados, dos apuntes más. Por un lado, es importante no apretar demasiado el sustrato en torno al cuello de la planta. Por otro, evitar que las hojas toquen el suelo.

4. Un riego vigilado y controlado en los días posteriores a trasplantar tomates, la última clave

El tomate es un fruto rico en agua y, como tal, muy exigente en este aspecto. Después de trasplantar tomates, lo ideal es realizar un riego ligero que permita hidratar las plantas y el terreno. Una tarea que, además, será el último paso de esta tarea.

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Durante los días posteriores, es importante mantener una buena pauta de riego. Y entendamos esta: debe ser generosa pero sin excesos, y debe servirnos además para comprobar que el suelo drena correctamente. Transcurrida una semana, ese riego debe estar enriquecido con abono para tomates de huerta. Un añadido que mantendremos durante un máximo de 6 semanas desde el momento de trasplante.

5. Un ambiente protegido si baja temperatura

Es probable que la climatología cambiante propia de la primavera nos juegue una mala pasada. Por eso si vemos que las temperaturas bajan o, incluso, que hay una amenaza de riesgo de heladas no está de más cubrir nuestras plantas durante la noche.

Una forma de no llevarnos disgustos pero, también, de evitarles esos cambios bruscos de temperatura que pueden pasarles factura.

Unas tareas sencillas que traen consigo un gran regalo: poder disfrutar de los sabores auténticos que nosotros mismos hemos cultivado.